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Homenaje al amigo César Miró


Homenaje al Amigo César Miró

 De regreso a la Capital, con algo de experiencia bohemia, empecé a frecuentar las famosas “Peñas” de Lima, lugar donde se reunían todos los que disfrutan y prefieren la música criolla y la jarana.

blog-elsa231-1.jpgFue en una de esas reuniones que conocí e hicimos amistad con   el gran maestro y polifacético César Miro, un muchacho que pertenecía a una de las familias más adineradas de la ciudad, pero que le encantaba la bohemia y la música criolla, a tal punto que no le importaba las críticas de la llamada “alta sociedad”, por frecuentar los barrios populares, las peñas y cualquier lugar donde había una jarana.

Compuso varias canciones a nuestra patria, pero fue el vals “Todos vuelven” el que se convirtió prácticamente en un himno para todos los que dejamos nuestro lugar de origen para emigrar a las grandes ciudades y países como EE.UU.

La  Sonora Matancera y Celio González, fueron los que  por primera vez le cambiaron el ritmo al vals “Todos vuelven”; luego Rubén Blades la canto en ritmo de salsa y fue incluida en la película “Crossover Dreams”.

Hoy comparto con ustedes, este hermoso vals, como  homenaje al gran amigo César Miró,  que se me adelanto en el viaje sin retorno en noviembre de 1999.

Canción “Todos Vuelven”,  autor: César Miró; cantado por Jesús Vásquez y Dávalos y con imágenes de la ciudad de Lima, capital del Perú.

Todos Vuelven
(Vals Peruano)
Letra y Música de César Miró


Todos vuelven a la tierra en que nacieron,
al embrujo incomparable de su sol,
todos vuelven al rincón donde vivieron,
donde acaso floreció más de un amor.

Bajo el árbol solitario del silencio,
cuántas veces nos ponemos a soñar,
todos vuelven por la ruta del recuerdo,
pero el tiempo del amor no vuelve más.

El aire que trae en sus manos
la flor del pasado, su aroma de ayer,
nos dice muy quedo al oído
su canto aprendido del atardecer.

Nos dice su voz misteriosa,
de nardo y de rosa, de luna y de miel,
que es santo el amor de la tierra,
que es triste la ausencia que deja el ayer.
 

La Viuda


La Viuda Negra


 En otra oportunidad, mi madre tuvo que hacer un viaje a la costa, para lo que se había puesto de acuerdo con varias personas a fin de viajar juntas, haciéndose compañía. Pasaban por Pacarán bastante avanzada la noche y mi madre se acordó que tenía que hacer una cobranza, por lo que tuvo que apartarse de los demás, los que seguirían caminando.

La cobranza se hizo, felizmente, por lo que de inmediato cabalgó con la intención de alcanzar a los demás viajeros. Hostigando al animal para que apurara el paso, salía ya del pueblo, cuando de pronto divisó a lo lejos una sombra negra.

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Puede ser un árbol a la orilla del camino, pensó, apurando al animal para que caminara más rápido. A medida que avanzaba la sombra se perfilaba como un ser humano, hasta mostrarse ya como una mujer alta vestida de negro y un manto del mismo color que le cubría desde la cabeza hasta los pies, dejando descubierto solo un rostro sumamente blanco. Se cogió fuertemente de las riendas con una mano y con la otra azotaba a su cabalgadura para darle ánimo y caminara al trote, porque ya quería encabritarse.

 Por fin llegó el momento supremo, el encuentro frente a frente con la Viuda, pues eso era. Al cruzarse y para darse valor que ya le faltaba, saludó: ¡Buenas noches señora!. La fulana solo hizo un ruido como un murmullo y pasó… Nerviosa y para saber el fin, voltea a mirar a la mujer y con espanto tremendo ve que la tal, había dado vuelta y se venía siguiéndola.

 Angustiada, ante esta situación, trató de acelerar para poder alcanzar a los demás. Habiéndolo conseguido, les narró lo sucedido y asombrada escuchó que los demás también la habían visto.

Después de mi madre, había quedado también, un a de las viajeras, montada a caballo y con montura, de hombre o montura de cajón, como de le conocía en esos tiempos. Efectivamente, cabalgó como hombre y echó a correr en pos del grupo, y se encuentra con la viudita. El caballo se le encabrita y no quiere seguir, parado en dos patas trata de echar a tierra a la señora, pero ella buena jinete logra dominarlo y pasa el peligro, sin mayor percance.

¿Que era la Viuda?. Es algo difícil de explicar con certeza, pero muy conocido en los pueblos y campesinado de la costa, el echo de que una mujer vestida de negro salía por temporadas y en determinados sitios. Esto naturalmente para el que tenía la mala suerte de verla constituía un tremendo sustazo. Según unos; mujeres con la conciencia sucia salían a hacer penitencia de sus culpas; según otras, almas en pena que no alcanzaban salvación y vagaban por el mundo. Felizmente ya no se escuchan la repetición de estos casos.

El Pasaguay asusto a El Tayito


El Pasaguay

 A raíz de la falta cometida al hacernos la vaca y cuyo desenlace ya hemos narrado, la semana la pasábamos en Huangáscar, en la casa de la señora Teófila como sus pensionistas. En esta forma atendíamos mejor nuestras clases, no llegamos tarde y ni podíamos caer en la tentación de repetir el plato. Viviamos felices dedicados a nuestros libros, hasta el día sábado que volvíamos a Pallca.

Sucedió, que cierto día me sentí mal de salud. La señora Teófila me proporcionó algunos medicamentos caseros con el fin de amortiguar el estado febril que me aquejaba. Mas como no sintiera ningún alivio sen preocuparon mucho y pensaron que mejor sería que me fuera a mi casa, y así me lo hicieron saber: “Guido, mejor es que vayas a Pallca antes de que tu mal empeore y se pongan las cosas más difíciles”. 

 Yo acepté de buena gana y acto seguido tomé algunas de mis pertenencias y salí con dirección a mi hogar. Caminaba despacio, ya que la fiebre me tenía debilitado. 

 Era el mes de Mayo, época en que se alejaban las lluvias y los cerros presentaban un aspecto por demás hermoso y alegre dado que todo es un inmenso jardín con miles de plantas en flor de infinidad de colores. En esta época también, salen las víboras, culebras, corralillos y tarántulas, por los caminos a pasearse y yo les tenía pánico tremendo. 

 040322_tarant.gifEstaba casi a medio camino, y entraba a una pampita, cuando diviso en el otro extremo un bultito negro que se venía a mi encuentro y acercándome más reconocí que era una tarántula a la que por esos lugares le llamábamos Paraguay. Con sus tremendas patas avanzaba retadora hacia mí; cuando me sintió muy cerca levantó las patas delanteras apoyándose en las posteriores se elevó todo lo que le dio sus extremidades. Se quedó mirándome con sus ojazos amenazadores. Al ver esto traté de pasar por un costado pero mi imaginación afiebrada me hizo ver correr a la tarántula a cerrarme el paso.

Completamente asustado di marcha atrás y sacando fuerzas de flaqueza, corrí hacia Huangáscar a donde llegue exhausto y muerto de miedo.
 Entré a la escuela y todos corrieron a ver que me había sucedido ¿Qué te ha pasado? ¿Por qué te has regresado?... Les conté punto por punto y con todos los detalles lo sucedido y la respuesta fue una sonora carcajada de los maestros, alumnos y alumnas. 


 Más no recuerdo; pero sí, el susto que me dio el animalito me hizo olvidar de la fiebre y todo el malestar, no siendo necesario emprender de nuevo el viajecito. Esta anécdota la recordaba la familia Gamarra y siempre que la oportunidad se presentaba me hacían bromas con el Paraguay. Cuando después de ocho años, joven ya, volví a Huangáscar a visitar a mi hermana Raquel, con quien primero encontré, fue la señora Teófila cuya respuesta al contestar mi saludo fue si en Lima no me había encontrado con el Paraguay.

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El Tayito se encuentra con sus padres


El Encuentro de mis Padres


 Don Fermín había contraído enlaces con una bella catahuasina, cuyo nombre no recuerdo, pero fatalmente al dar a luz su primera hijita (Rosa) murió en el parto dejándolo viudo.


Este, acostumbraba pasearse por los pueblos vecinos, como buen chalán cabalgando caballos de paso, enjaezados con brida de plata, hermosa montura con incrustaciones de metal y cubierta por hermoso pellón sampedrano. Cierto día que visitaba Pampas atrajo su mirada una señorita blanca, esbelta, fina, en una palabra: hermosa… era la maestra de la escuela.


Verla y enamorarse de ella fue una sola cosa. El negro se alocó, cortejo a la bella, se le prendió como un chicle, hasta que fue correspondido y de común acuerdo se selló este amor con la bendición de la iglesia.


Casados ya, se dirigieron a Lunahuaná donde mi padre tenía una pequeña parcela, herencia de sus padres. Allí se afincaron y vivieron varios años hasta que la familia comenzó a aumentar.


Lunahuaná es una quebrada muy angosta, flanqueada por contrafuertes de la Cordillera de Los Andes y regada por el río Cañete. Casi la totalidad de habitantes son pequeños propietarios, de tal manera que cuando la prole aumenta y crece formando nuevas parejas, tienen que ir pensando a donde emigrar ya que el espacio vital es solo para una de ellas.


Es así como hasta hace poco tiempo y desde épocas antiguas el punto de mira eran las haciendas cañetanas cuyos braceros eran oriundos de Lunahuaná, casi en un cien por ciento.


Por los motivos expuestos, el nuevo matrimonio se sentía incómodo y también buscaban un sitio donde poder respirar mejor. Salir…Salir pero a donde y cómo?. Con su compadre y amigo Daniel Sánchez acordaron viajar a alguna de las haciendas de Cañete. Pero las cosas no estaban escritas en este sentido… Pues en el momento menos pensado se presentó Don Germán Castro, cuñado de mi padre, esposo de la hermana mayor llamada María, ellos vivían en un paraje denominado Pallca, del distrito de Huangáscar, provincia de Yauyos. Había en ese lugar unos terrenos que habían sido desocupados y estaban vacantes por lo que el tío Germán creyó oportuno hacérselo saber a mi padre, quien al enterarse aceptó y sin más viajaron a Yauyos con el fin de ponerse de acuerdo con las autoridades encargadas de los mismos. Arreglado todo le asignaron los terrenos en calidad de arriendo y con la condición de ocuparlos de inmediato.


De regreso a Lunahuaná ya no hubo mucho que hacer sino ensillar acémilas y emprender el histórico viaje a Pallca, la tierra prometida. Ya la familia había aumentado con Raquel y Ananías de siete y dos años respectivamente, estamos en el año 1910.

El Tayito 

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