El Pasaguay asusto a El Tayito
El Pasaguay A raíz de la falta cometida al hacernos la vaca y cuyo desenlace ya hemos narrado, la semana la pasábamos en Huangáscar, en la casa de la señora Teófila como sus pensionistas. En esta forma atendíamos mejor nuestras clases, no llegamos tarde y ni podíamos caer en la tentación de repetir el plato. Viviamos felices dedicados a nuestros libros, hasta el día sábado que volvíamos a Pallca.
Sucedió, que cierto día me sentí mal de salud. La señora Teófila me proporcionó algunos medicamentos caseros con el fin de amortiguar el estado febril que me aquejaba. Mas como no sintiera ningún alivio sen preocuparon mucho y pensaron que mejor sería que me fuera a mi casa, y así me lo hicieron saber: “Guido, mejor es que vayas a Pallca antes de que tu mal empeore y se pongan las cosas más difíciles”. Yo acepté de buena gana y acto seguido tomé algunas de mis pertenencias y salí con dirección a mi hogar. Caminaba despacio, ya que la fiebre me tenía debilitado. Era el mes de Mayo, época en que se alejaban las lluvias y los cerros presentaban un aspecto por demás hermoso y alegre dado que todo es un inmenso jardín con miles de plantas en flor de infinidad de colores. En esta época también, salen las víboras, culebras, corralillos y tarántulas, por los caminos a pasearse y yo les tenía pánico tremendo. Completamente asustado di marcha atrás y sacando fuerzas de flaqueza, corrí hacia Huangáscar a donde llegue exhausto y muerto de miedo.
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